Argentina e Isabel II, una relación cruzada por Malvinas
UNO DE SUS HIJOS FORMÓ PARTE DE LA GUERRA

Argentina e Isabel II, una relación cruzada por Malvinas

De la rara oferta de Perón el mismo día de su coronación a su última decisión sobre las islas en mayo de este año.

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Isabel II del Reino Unido, que falleció ayer a los 96 años, nunca visitó la Argentina. Eso no quiere decir que a lo largo de sus siete décadas de reinado no haya estado vinculada de alguna manera con el país, la mayoría de las veces debido a su especial interés por las Islas Malvinas. Desde la fecha exacta de su coronación, cuando Juan Domingo Perón le hizo llegar una inusual propuesta para comprar el archipiélago ocupado por fuerzas inglesas, hasta hace pocos meses atrás, cuando la monarca le dio el estatus de ciudad a Puerto Stanley (Puerto Argentino), capital del territorio austral.

La relación de la reina con la Argentina empezó con un rechazo. Fue el mismo día de su asunción en el trono, el 2 de junio de 1953, cuando el entonces presidente Perón le extendió una inusual propuesta: comprar las Islas Malvinas, ocupadas por el Reino Unido desde enero de 1833. El encargado de concretar la oferta fue, en realidad, el vicepresidente argentino, contraalmirante Alberto Teisaire, que había viajado a la ceremonia de coronación de la flamante monarca en representación de Perón.

Según documentos oficiales británicos desclasificados en enero de 1984, el enviado de Perón expresó que el Gobierno “deseaba que las relaciones económicas anglo-argentinas se establecieran sobre una base firme, y que su propuesta era que, como parte de algún arreglo a largo plazo, Gran Bretaña debería renunciar a todos los derechos y reclamaciones sobre las Islas Malvinas”.

Aunque nunca trascendió la cifra exacta de ese ofrecimiento, sí quedó registrado que los representantes de la reina lo rechazaron al justificar que “los habitantes de las Islas Malvinas eran británicos y si se celebra un plebiscito votarían prácticamente por unanimidad para permanecer bajo la bandera británica”. En el documento se agregó, entre paréntesis, que “el almirante Teisaire estuvo de acuerdo en que probablemente era cierto”.

Después del gobierno de Perón, otro presidente argentino que compartió minutos con Isabel II fue Arturo Frondizi, que en el marco de una gira europea en 1960 hizo escala en Londres y asistió a un banquete ofrecido por la reina, que además lo condecoró con el título de Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge.

Aunque, sin dudas, el momento en el que los ojos de la fallecida monarca se detuvieron en el extremo sur del mundo fue el 2 de abril de 1982, cuando estalló la Guerra de Malvinas. Desde entonces y hasta el 14 de junio (cuando tiene lugar la rendición argentina) la reina mantuvo varias audiencias con la primera ministra británica, Margaret Thatcher. Había allí algo más que un interés político y tenía que ver con que el príncipe Andrés, nada menos que uno de los hijos de Isabel, prestaba servicio en el portaaviones HMS Invincible y fue piloto de helicópteros en misiones de combate en las islas del Atlántico Sur.

Tras la Guerra, sería Carlos Menem el primer mandatario argentino en pisar suelo londinense. Fue a finales de octubre de 1998, durante una gira oficial en la que, junto a su hija Zulema entre la comitiva argentina, compartió un almuerzo en el Palacio de Buckingham con la soberana británica, a quien (salteándose todos los protocolos) le colocó un poncho de vicuña sobre los hombros. Acaso para suavizar lo que vendría después, cuando ya en la sobremesa el entonces presidenta sacó el tema Malvinas. “Usted no es el mismo presidente de aquella época”, dicen que retrucó ella. A lo que el riojano (condecorado con la Gran Orden de Miguel y Jorge) respondió: “Señora, miremos para adelante”.

Lo cierto es que la guerra -que se saldó con el triunfo inglés, se llevó la vida de 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños- reafirmó el poderío que el Reino Unido ostenta en las Malvinas desde 1833. Y en eso fue decisivo el peso simbólico de la figura de Isabel II, de cuya muerte se hizo eco ayer el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (Cecim), que en un duro comunicado la definió como la encarnación del “sufrimiento de los pueblos sojuzgados bajo el dominio colonial y económico durante todo su reinado”. Y criticó que “el imperialismo británico con su monarquía continúa con la ocupación neocolonial militar en nuestras Islas Malvinas”.

Cierto es que en todo este tiempo Londres nunca volvió a la mesa de diálogo con Buenos Aires.

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