Compraron un vagón de subte en Capital, lo llevaron a Berdier y lo convirtieron en una cervecería
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Compraron un vagón de subte en Capital, lo llevaron a Berdier y lo convirtieron en una cervecería

“Beerdier” es el nombre del emprendimiento que recibe a vecinos de toda la región y que además produce su propia cerveza. Conocé la loca historia de la familia que se transformó un hobbie en un negocio exitoso.

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Berdier es un pequeño pueblo de 200 habitantes a unos 12 kilómetros de Salto, la localidad cabecera del distrito. Sus calles pintorescas son las típicas de un pueblo rural que se sitúa tierra adentro de la extensa superficie que tiene la provincia de Buenos Aires. Pero el poblado tiene una particularidad: cuenta con una cervecería que, tranquilamente, sería furor en Palermo Hollywood.

Lo que había iniciado como un hobbie de un estudiante de ingeniería se transformó en un pujante emprendimiento familiar de cervecería artesanal. En medio de la tranquilidad absoluta el vagón de subte Siemens-Schuckert-Orenstein & Koppel encontró un lugar soñado para su retiro, lejos de los días caóticos de Capital Federal.

A 83 años de su fabricación, el vagón se jubiló para transformarse en una cervecería. Santiago Valarino, Fundador de Beerdier, explicó que “fue un gusano de Buenos Aires”, yendo por debajo de la ciudad; que ahora se retiró y es parte de un cálido pueblo.

El emprendimiento revolucionó la localidad rural y llegan de todas las ciudades de la zona para conocerlo, pero también para degustar de una buena pinta y algo rico para comer en un vagón que fue utilizado en todas las líneas de subte porteñas, menos en la Línea B.

Hoy, reposa en la llanura de la pampa húmeda desde hace varios años. Alllá por 2016, cuando Santiago, entonces estudiante de Ingeniería Civil, cocinó por primera vez cerveza en su departamento de La Plata con una olla de fideos y enfriando el fermento con hielo en la bañadera, se dio cuenta que el negocio era redituable y estaba para más.

Fue el principio del boom cervecero y la capital bonaerense explotaba de creadores por doquier. Al poco tiempo, ya recibido, volvió a Salto y consiguió un trabajo en el que debía viajar seguido a localidades vecinas: un pequeño detalle que desencadenaría el resto de la trama.

Cuando se enteró que un compañero vendía un equipo de cocción cervecera de 70 litros, le pidió a su padre, Guillermo, que lo fuera a ver ya que él se encontraba de viaje. Guillermo jamás había cocinado cerveza. No tenía idea de cómo era el proceso. Pero sus genes emprendedores se activaron a toda máquina.

Cómo fueron los comienzos

Lejos de querer hacer algo igual al resto, los actores de esta película contaron que no querían encerrados adentro de un galpón en el medio de la ciudad. “Buscamos un entorno que sea lindo, así que nos vinimos hasta acá, que está a 12 km de Salto, y encima el nombre nos vino al pelo”, dijo, en clara alusión al juego de palabras que le dio entidad al proyecto y que, cuya marca, ya estaba definida antes de lo pusieran en marcha.

Empezaron a cocinar cerveza con un equipo de 250 litros. Enseguida, un bar del Salto les compró la primera tanda. Después se sumó otro. Y otro. Llegaron a Arrecifes y a otros pueblos de la zona. La cervecería comenzó a crecer de manera muy rápida.

Esa expansión hizo que sumaran gente para poder cumplir con las entregas y los pedidos que no paraban de llegar. Todo lo que generaban, lo reinvertían. Cambiaron los equipos de cocción, compraron más barriles. En un principio, las variedades que más salían eran las golden y kolsch, también alguna scotish. Al tiempo, llegó el momento de las IPA, APA y todas las lupuladas.

La apuesta se redobló

En 2018, Guillermo llegó con otra “locura” que terminaría de darle un cariz auténtico al emprendimiento: comprar un vagón de subte para transformarlo en un bar. “Mi viejo es así, medio arracao’ verde”, rió Santiago. “Tiene esa magia de tirar iniciativas y después vemos”. Lejos de quedarse quieto y descansar en lo conseguido, Guillermo es como una locomotora con el objetivo puesto en la próxima estación.

Así fue como adquirieron un vagón desactivado de Subterráneos de Buenos Aires, en un remate que hizo el Banco Ciudad. “Pero estuvimos a punto de perderlo”, cuenta Santiago. “Justo para la época en la que teníamos que llevarlo, hubo muchas lluvias y el camino estaba intransitable. Nos habían puesto una fecha límite para sacarlo del taller de Polvorines. Si no, perdíamos la compra”, agregó.

Finalmente, tras idas y vueltas y mucha tensión, lo pudieron llevar hasta Berdier. Lo estacionaron justo al lado de la fábrica y empezaron a armarlo de a poco. Los vecinos pasaban y miraban azorados semejante yuxtaposición de realidades. Campo y ciudad, unidos en la pasión por la cerveza.

Sin embargo, hubo que esperar para verlo en “funcionamiento”. Justo cuando estaba todo listo para abrir, estalló la pandemia. Recién pudieron inaugurarlo a fines del 2020, con todos los protocolos. “Fue un boom la apertura”, contó Santiago.

El vagón se transformó en un imán para toda la gente de la zona y también para turistas que llegan los fines de semana. Es una parada obligada si pasás por ahí: “El bar de fábrica es nuestro lugar insignia, la gente puede ver a probar la cerveza, ver la fábrica y también comer”.

La carta es bien cervecera (hamburguesas, pizzas, empanadas), y una vez por semana hacen un plato especial, por ejemplo, bife de chorizo a caballo con papas y verduras asadas, sándwich de pollo frito o lomitos con salsa criolla. “Además siempre traemos algún espectáculo”, informó Santiago.

El crecimiento de Beerdier fue exponencial. En los comienzos solían vender alrededor de mil litros mensuales: hoy están en 9 mil, con picos de 20 mil. Además, el proyecto está acompañando el proceso de expansión del propio pueblo, sobre la base de un turismo rural que aumenta año tras año.

Lo que había comenzado como un proyecto de padre e hijo, hoy se convirtió en una pequeña empresa que emplea a una familia entera y también a otros jóvenes de Berdier, que son la prioridad de los Valarino. 

Dónde queda Berdier y Beerdier

El vagón está ubicado en Brasil y Choele Choel y está abierto viernes, sábados y domingos, de noviembre a marzo. Si llueve, no abren porque el camino de acceso es de tierra. Reservas al 11 2401-4570. Instagram: @cervezabeerdier

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