Lisandro Mogliati, licenciado en Negocios Internacionales: "El acuerdo Mercosur-Unión Europea es una oportunidad para el agro, pero un riesgo para la manufactura"
Durante la última edición de EN VIVO: DiarioNucleo.com, el especialista analizó las implicancias del pacto de libre comercio. Entre el optimismo por la apertura de mercados con alto poder adquisitivo y el temor por las barreras "para-arancelarias", y la falta de competitividad industrial, su descripción ofrece un mapa de ganadores y perdedores en el nuevo escenario global.
El postergado acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea ha vuelto a situarse en el centro de la escena geopolítica. En un contexto global marcado por el reordenamiento de las potencias y la necesidad de asegurar suministros, Argentina se encuentra ante una encrucijada histórica: la posibilidad de acceder a un mercado de 500 millones de consumidores con alto poder adquisitivo, frente al riesgo de exponer a su industria local a una competencia asimétrica.
Para desmenuzar las capas de este tratado que lleva tres décadas de negociaciones, durante la última edición de EN VIVO: DiarioNucleo.com, que se emite los martes a las 19 por Fana Digital, el Lic. Lisandro Mogliati, especialista en Negocios Internacionale, analizó los beneficios inmediatos para el sector agroindustrial, la amenaza de las barreras "invisibles" que Europa suele interponer y el impacto que el actual esquema de costos e impuestos internos tiene sobre la competitividad de nuestros productos.
Un análisis que permite vislumbrar quiénes ganan, quiénes pierden y qué lugar ocupa la Argentina en este nuevo mapa del comercio mundial.
Lisandro, mucho se habla del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea como algo inminente, pero es un proceso que lleva décadas. ¿En qué contexto nos encuentra hoy esta firma?
Es fundamental entender que este acuerdo tiene 30 años de gestación. En integración económica regional, esto se denomina una integración "norte-sur": la unión de países desarrollados con países en vías de desarrollo. El orden internacional de mediados de los noventa, cuando se iniciaron las conversaciones, era totalmente distinto al actual. Hoy, el proceso se aceleró por una cuestión geopolítica: Europa necesita asegurar su provisión de insumos y encontrar mercados de consumo frente al expansionismo de otros jugadores como China.
Estamos hablando de un mercado potencial gigantesco. ¿Qué representa en términos de números?
Si lo pensamos como un bloque donde bienes y servicios fluyen libremente, hablamos del acuerdo económico más grande del mundo por volumen de población, con más de 500 millones de habitantes. Lo interesante es el diferencial del PBI: mientras el Mercosur tiene un promedio per cápita de entre 14.000 y 16.000 dólares, la Unión Europea supera los 30.000. Para un productor regional, es la oportunidad de entrar sin aranceles a un mercado que tiene mucho dinero en el bolsillo para comprar.
Siempre se señala al sector agroindustrial como el gran beneficiado. ¿Es realmente así?
Sin duda. La competitividad del agro argentino, brasileño, uruguayo y paraguayo es superior. En condiciones de igualdad, el productor europeo queda afuera porque nosotros tenemos más hectáreas, mayor rinde y una genética de vanguardia. De hecho, por eso vemos las protestas de productores en Francia: ellos son conscientes de esta inferioridad.
¿Cómo compensa Europa esa falta de competitividad natural?
A través de la PAC (Política Agrícola Común), que se basa netamente en subsidios. Es exactamente lo opuesto a lo que ocurre en Argentina. Mientras aquí tenemos derechos de exportación (retenciones), allá el Estado le paga al productor para que siga produciendo en sus 10 hectáreas. Aun así, nuestra agroindustria —soja, trigo, maíz, carne, y también los complejos regionales como el vitivinícola o el frutícola— tiene una oportunidad histórica.
No todo es positivo. ¿Qué sectores podrían verse perjudicados por esta apertura?
El gran signo de pregunta recae sobre la industria manufacturera no agroindustrial. Tenemos una industria poco competitiva y, en muchos casos, obsoleta debido a años de proteccionismo. Al eliminar los aranceles de importación (que hoy promedian entre el 15% y 18%), los productos europeos entrarán automáticamente más baratos. Países de la ex "cortina de hierro" que hoy integran la UE tienen tecnología de punta y mano de obra económica. Ellos van a competir de manera muy férrea con nuestra manufactura.
Mencionás que el arancel cero no es el único obstáculo. ¿Qué son las barreras para-arancelarias?
Ese es mi mayor temor y es algo que no se está discutiendo lo suficiente. Aunque el impuesto sea cero, Europa se preserva el derecho de prohibir un producto por cuestiones fitosanitarias. Por ejemplo, Francia podría vetar la harina argentina alegando trazas de pesticidas por encima de sus normas internas para proteger a su propio productor. Es una forma de proteccionismo sofisticado que utiliza la salud o el medio ambiente como argumento.
En este escenario de apertura, ¿cómo influye la situación económica interna de Argentina, como el tipo de cambio?
Estamos en un camino inverso al de Europa. Tenemos un tipo de cambio relativamente planchado con una inflación que corre por encima. Eso encarece nuestros costos internos (energía, impuestos, logística) y abarata los productos importados. Si a un dólar que no sube le sumás la quita de aranceles por el acuerdo, un queso francés podría terminar siendo más barato en la góndola que uno producido en la cuenca lechera local.
En conclusión, ¿es un acuerdo beneficioso o una amenaza para la producción nacional?
Es una oportunidad fantástica para el sector agroindustrial, pero un dolor de cabeza para el manufacturero. Hay sectores que, en este esquema, tienen serias chances de desaparecer si no logran una reconversión rápida. Es un escenario muy parecido a la apertura de los 90, pero en un contexto global mucho más complejo. Si sabemos aprovechar la transferencia tecnológica que puede venir de Europa, en el mediano plazo podríamos ganar competitividad, pero el corto plazo será de una transición muy dura.