Polideportivo
UNA HISTORIA CELESTE Y BLANCA EN PERGAMINO

De Pergamino a Avellaneda: el motor silencioso de la filial de Racing

Con entre 200 y 300 hinchas activos, la filial Racing Pergamino busca consolidarse y dejar una huella en la ciudad. La pasión, el sacrificio y la vida alrededor de Racing, contadas por uno de los hinchas que sostienen al club desde el interior.

Después de la familia, viene Racing. No es una frase hecha ni una exageración para la tribuna. Leonardo Loretto lo dice sin dudar, con la naturalidad de quien lo tiene incorporado desde chico. “Racing es mi vida también, es lo más lindo que hay”, resume, como si no hiciera falta explicar demasiado.

Leonardo es presidente de la filial Racing Pergamino “Julio Vélez”, una agrupación que existe desde hace más de una década y que desde 2016 es oficial. Él asumió hace apenas un año, pero con una idea clara: volver a poner a la filial en movimiento. “Durante cinco o seis años no hubo actividad. La comisión anterior trabajó mucho tiempo y quizás por cansancio se abandonó un poco. Nosotros decidimos retomar todo antes de la final de la Sudamericana en Paraguay”, indicó a Diario Núcleo.

Pergamino no es territorio fácil para Racing. “Estamos en una ciudad donde el clásico nuestro está a nivel de Boca y River en cuanto a gente”, admitió. Aun así, la filial reúne entre 200 y 300 personas, muchas de ellas provenientes de ciudades cercanas como Colón o Rojas. “Toda esa gente depende de Pergamino y viaja con nosotros a los partidos. Eso ayuda mucho”, explicó.

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El presente deportivo también empuja. “Lo deportivo siempre va acompañado de la gente”, dice, y no hace falta repreguntar. Los micros llenos rumbo a Avellaneda o a finales en otras provincias lo confirman. Incluso el último viaje lo hicieron en conjunto con las filiales de San Nicolás y Rosario. “Somos las tres filiales juntas”, aclara con orgullo.

El gran objetivo del 2026 está claro: tener una sede propia. Algo que la filial nunca logró. “Que la gente pase por una calle y diga ‘acá está la filial de Racing’”. No depende del club. “Es todo propio. El club te reconoce como filial oficial y te deriva gente, pero después no tiene injerencia. La idea es alquilar un local y sostenerlo con el aporte de los socios”, expresó el titular de Racing a nivel local. 

La historia personal de Leo con Racing empieza donde empiezan casi todas. “Mi viejo me hizo de Racing”, dice. Pero hay algo más: crecer cuando al club no le iba bien. “Hice la primaria antes del 2001, cuando Racing no ganaba nada. Ir contra la corriente me hacía cada vez más fanático”.

Esa pasión no negocia emociones. “Racing me cambia el estado de ánimo en cualquier cosa. Un amistoso, un partido contra un equipo que no conoce nadie. A veces ruego que juegue mal los domingos porque me arruina el fin de semana; si juega jueves o viernes, me lo arruina igual”, confiesa entre risas.

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De imágenes, le sobran. La primera es imborrable: el campeonato 2001. “No fui a la cancha ese día, lo vivimos con mis viejos en el centro, éramos quince personas. Esa imagen no se borra más”. La otra es reciente y visceral: la Sudamericana en Paraguay. “Fue un desahogo inexplicable. Lloré en todos los goles. La gente paraguaya fue diez puntos con nosotros”.

Habla del club con sentido crítico pero sin grietas. “Desde que se zafó de la promoción en 2008 todo fue positivo. Con Blanco el club creció mucho y se ordenó. Ahora, mientras le vaya bien al club, el nombre que esté adelante es lo mismo”. Y sobre Gustavo Costas no duda en indicar: “Costas es Racing, es cada uno de nosotros”.

Leo habla como hincha, pero actúa como dirigente. Convoca, organiza, proyecta. “Invitamos a todos los hinchas de Racing a sumarse. Tenemos Instagram, grupo de WhatsApp, estamos todos juntos”. En Pergamino, lejos del Cilindro, Racing también se construye así: con kilómetros, convicción y una pasión que no entiende de distancias.