Un aviador rojense se dedica a apagar incendios en el Delta del Paraná
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Un aviador rojense se dedica a apagar incendios en el Delta del Paraná

Lucas Castro es un joven que se dedica originalmente a realizar vuelos de fumigación, pero actualmente está abocado a dar vueltas alrededor de los incendios en el Delta. “Es especial volar arriba del fuego, parece que te metés en el infierno”, dijo.

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Lucas Castro es un joven rojense que se dedica originalmente a realizar vuelos de fumigación. Pero actualmente está abocado a dar vueltas alrededor de los incendios en el Delta del Paraná, y se encarga de ejecutar un circuito incansable de asistencia desde el cielo a los brigadistas, el cuerpo de combatientes que pelea contra las llamas con los pies en la tierra en un avión hidrante Air Tractor.

Junto a otros tres aviadores sobrevuelan los cielos opacados por el humo para luchar contra las llamas que observan desde el aire para arrojar en cada paso unos 3 mil litros de agua a gran velocidad y al ras del suelo, con la panza sobre las lenguas del fuego.

Sandro, Flavio y Lucas son tres de los cuatro pilotos de los aviones hidrantes. “Hacemos un trabajo de enfriamiento con ellos. Es apoyo a su laburo. Desde abajo, por radio, los brigadistas nos van pidiendo. Que les mojés la línea del cortafuego, que enfríes lo quemado para que no se encienda de nuevo, o un ataque directo sobre la llama”, explicaron los pilotos.

Eso sí, el rojense dejó en claro que “tienen que estar dadas las condiciones climáticas”, para volar, ya que no lo hacen en cualquier situación. “Yo ya estuve en el Delta y en Corrientes el verano pasado, es especial volar arriba del fuego, parece que te metés en el infierno”, explicó Castro. 

Por su parte, su compañero Sandro, agregó que “es la imagen más parecida al infierno: las trombas, el humo, las llamas, la presencia de varios aviones, helicópteros, brigadistas, tenés gente abajo, es un entorno complejo”.

El riesgo de los cambios climáticos

En tal sentido, las condiciones atmosféricas cambian en la zona donde gobiernan las llamas. Se modifica la temperatura, la presión. Eso se trasmite en el avión. El aparato lo siente. Y el piloto tiene que estar preparado para un entorno hostil. “Tenés mucha turbulencia”, dijo el piloto de Rojas, quien sabe que su vocación lo hace disfrutar de escenarios que para la mayoría de las personas podrían ser la antesala del ataque de pánico. 

De todos modos, están dispuestos a vivir al límite. El viernes pasado, por ejemplo, los remolinos de viento descontrolaron el fuego en los focos sobre las islas, 20 kilómetros islas adentro en línea recta desde la Base Operativa de Alvear, que funciona en el aeródromo de la localidad, al sur de Rosario. A veces hay que salir igual.

Qué tareas realizan los aviones

El aporte de los aviones es, a diferencia de lo que se cree popularmente, de soporte del combate de los brigadistas en tierra. Para que el agua apague incendios de estas dimensiones, se necesita una lluvia constante durante un largo rato, especialmente en territorios como el Delta, donde no llueve de forma persistente hace meses.

El Ministerio de Ambiente nacional invierte entre 3.000 y 5.000 dólares la hora de vuelo de estas máquinas y sus pilotos (dentro de un presupuesto de 2.000 millones de pesos para aviones y helicópteros). La provincia que gobierna Omar Perotti destina aproximadamente 4,5 millones de pesos durante una jornada de operativo.

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