Raimundo Nus, el pergaminense que desafía los límites: "En la montaña me siento en mi estado natural"
Con 60 años recién cumplidos y una filosofía de vida forjada en la autosuficiencia extrema, el aventurero pergaminense que unió Argentina y Chile al trote contó sus hazañas en Groenlandia e Islandia, explicó por qué el fútbol lo "igualó" en su infancia y brindó detalles sobre su misión más noble: llevar la inclusión a la alta montaña para que nadie se quede atrás.
Raimundo Nus no es solo un deportista de resistencia; es un buscador de fronteras, tanto geográficas como personales. Con una vida forjada en el esfuerzo y una notable fortaleza mental, este pergaminense ha logrado hitos que parecen salidos de un guion de aventuras: desde cruzar Islandia en solitario hasta alcanzar las cimas más altas del mundo. Sin embargo, su mayor orgullo reside en cómo el deporte puede igualar oportunidades y transformar realidades.
Es un hombre de desafíos. Criado en Pergamino y radicado hace décadas en España, volvió a ser noticia por unir Argentina y Chile corriendo, sin asistencia y en tiempo récord. Durante la última edición de EN VIVO: DiarioNucleo.com, que se emite los martes a las 19 por la señal de Fana Digital, Raimundo dio detalles sobre el cruce de los Andes corriendo, realizó un repaso por sus hazañas más destacadas y describió su proyecto "Ni + Ni - iguales", que desarrolla con éxito en España y cuya implementación lanzó hace poco tiempo en Pergamino. Se trata de una serie de actividades destinadas a motivar el deporte para personas con discapacidad.
En tus redes sociales te definís como generador de contenidos, pero ¿es un atrevimiento decir que sos, ante todo, un aventurero?
Creo que los que conocen un poco mi historia en Pergamino saben que nuestra vida, junto con mi hermano y mi familia, siempre fue una aventura. Recuerdo que me veían pasar corriendo por la zona de la Iglesia Santa Teresita; siempre hice deporte. Vivíamos en el Barrio Otero y para ir al colegio Scalabrini o a jugar al fútbol a Racing no había otra opción que la bicicleta. Desde los seis años la parte física fue algo normal para nosotros, nuestra única forma de movernos.
¿Cuándo sentiste ese "despertar" por los desafíos de montaña y de resistencia extrema?
Fue a los 35 años. Me cansé del fútbol, sentía que siempre jugaba el mismo torneo contra los mismos rivales. En 2001 corrí mi primera carrera de montaña en España, subiendo al Mulhacén. Ahí descubrí algo nuevo. Después vino la experiencia de mi hermano, que ya había hecho el Aconcagua y el Kilimanjaro. Él siempre fue 15 o 20 años por delante de nosotros, viendo cosas que los demás no veíamos y empujándonos a más.
Mencionás mucho tus raíces en el Barrio Otero. ¿Cuánto influyó ese origen en tu fortaleza mental?
Muchísimo. El fútbol me igualó. Yo me crié en una posición humilde, con techo de chapa y baño afuera; no teníamos televisión y usábamos velas. Pero cuando soltaban una pelota en la cancha, ahí era donde yo decía: "Acá estoy yo". En el campo de juego éramos todos iguales, no importaba quién tenía tele y quién no. Eso nos forjó una identidad y una personalidad para enfrentar lo que sea, como cuando nos tocaba jugar contra los equipos que tenían más dinero.
Recientemente cruzaste los Andes al trote. ¿Cómo se prepara un desafío de esa magnitud y bajo qué condiciones lo hacés?
No es algo que decidís de la mañana a la noche; son procesos de años. Yo no busco solo "hacerlo", sino el "cómo hacerlo". Lo hago en autosuficiencia total. He cruzado Islandia (330 km) en menos de 100 horas y Groenlandia corriendo por el Círculo Polar. En los Andes no llevé handy ni comunicación satelital. Me gusta esa conexión. Si me doblo un tobillo o me sube la temperatura, estoy solo. Pero una vez que me pongo en marcha y me alejo de la civilización, me siento en mi estado natural.
¿Qué sentís en esa soledad absoluta, donde solo está el ruido del viento?
Me encanta. No llevo casi comida porque prefiero priorizar el peso para una buena chaqueta o un saco de dormir. El agua la tomo de manantiales. En el Cruce de los Andes hice 12 horas y media en total. He llegado a estar 127 horas seguidas en otros retos. Es una sensación que no se puede explicar; es estar vivo.
Además de lo personal, estás liderando un proyecto de inclusión muy emocionante con "Ni+ Ni- iguales". ¿De qué se trata?
Es replicar en Pergamino lo que ya hacemos en España. Buscamos "exagerar" la dificultad para que la gente tome conciencia de los problemas diarios de las personas con discapacidad. Usamos la silla Joëlette para que personas con movilidad reducida puedan hacer travesías de 100 kilómetros o subir montañas. La emoción que se vivió en la última peregrinación a San Nicolás fue increíble. Yo no tengo familiares con discapacidad, pero entiendo que todos, con el tiempo, vamos teniendo limitaciones. Cuando más das, más recibís. Es un efecto rebote que te enriquece.
¿Qué le dirías a alguien que a los 50 o 55 siente que ya es tarde para empezar?
Yo acabo de cumplir 60 años y puedo asegurar que todos nosotros funcionamos al 20% de nuestras posibilidades. Solo hace falta que alguien te empuje o te saque del sofá. Cumplir años es solo un número; si me quedo quieto, me oxido. Yo sigo estudiando nutrición y sigo pensando que el ejercicio es la base de la longevidad. Hay que llegar a los 60, pero hay que llegar corriendo.
¿Cuál es el próximo mapa que tenés sobre la mesa?
Tengo el Nevado Ojo del Salado entre ceja y ceja, que es el volcán más alto del mundo. También estoy planeando una ruta por el Amazonas y algo en la zona del Tíbet. Siempre miro para adelante. En agosto espero estar por Pergamino para dar una charla y seguir motivando a los jóvenes y a los de nuestra edad. Lo importante no es de dónde saliste, sino no abandonarse nunca.