Los cultivos en período crítico, con el agua como variable decisiva
El ingeniero agrónomo Martín Principiano analiza el estado general de la soja y el maíz en un contexto cada vez más alarmante por la ausencia de lluvias.
La semana ha ido profundizando las complicaciones desde el punto de vista hídrico, y el escenario vuelve a presentarse altamente desafiante para los cultivos de la región.
La soja de primera se encuentra mayoritariamente transitando su período crítico, y una vez más enero se consolida como un mes complejo para la definición del rendimiento. En los últimos años, este período ha registrado precipitaciones muy por debajo de los promedios históricos, y la campaña en curso no constituye una excepción.
En numerosos lotes de soja de primera ya comienzan a manifestarse síntomas claros de estrés hídrico, tales como aborto floral, principalmente en aquellos ambientes de menor calidad productiva o sin influencia de napa freática. En contraste, algunas zonas puntuales que lograron captar lluvias en semanas previas mantienen un estado general aceptable. No obstante, a escala regional, gran parte de la región núcleo evidencia restricciones severas por déficit hídrico. La necesidad de precipitaciones es inmediata, a fin de no comprometer el potencial de rendimiento, que en determinadas áreas ya comienza a percibirse en franco descenso.
La soja de segunda también atraviesa una coyuntura delicada. Si bien al comparar con igual fecha de la campaña anterior su condición era levemente superior, en la actualidad el déficit hídrico es marcado y su capacidad de sostenerse sin aportes de agua es limitada. A este contexto se suman altas temperaturas persistentes y la aparición de plagas asociadas a condiciones secas, como trips y arañuelas, además de un incremento de poblaciones de chinches y la presencia de bolillera en materiales no Intacta.
En el caso del maíz temprano, los planteos presentan el rendimiento prácticamente definido. Sin embargo, se observa un adelantamiento del proceso de madurez, lo que impacta negativamente sobre el peso de los granos. Si bien el número de granos por unidad de superficie es el principal componente del rendimiento, la reducción en el peso estimado tendrá un efecto directo sobre los resultados finales.
La situación resulta más comprometida en los maíces tardíos y de segunda, implantados sobre arveja, camelina o trigo, especialmente aquellos sembrados entre el 20 y el 30 de noviembre. Por su calendario fenológico, estos cultivos se encuentran actualmente en pleno período crítico, considerando tanto los 15 días previos como posteriores a floración, por lo que la disponibilidad de agua en esta etapa resulta determinante. En contraposición, los maíces sembrados a partir del 5 de diciembre y hasta mediados del mes aún logran sostenerse, y la ocurrencia de precipitaciones hacia fines de enero o comienzos de febrero podría resultar altamente favorable para su evolución.
Finalmente, cobra especial relevancia analizar la situación lote por lote. Aquellos ambientes con aporte de napa, mejor calidad de suelo y buen historial de rotaciones vienen mostrando una mayor capacidad de tolerancia al déficit hídrico.