Desde el comienzo de 2026 (hace apenas 25 días) el escenario internacional está experimentando un cambio vertiginoso y comprender sus implicancias se vuelve una tarea indispensable. Las noticias que llegan desde el exterior; como la persistencia de la guerra en Ucrania, la creciente tensión en el Golfo Pérsico o las excentricidades geopolíticas de Donald Trump, a menudo parecen fragmentos aislados, pero responden a una lógica de fondo: el fin de la diplomacia tradicional y el regreso de los imperios territoriales.
Durante la última edición de EN VIVO: DiarioNucleo.com, espacio de streaming que se emite cada martes a las 19 por la señal de Fana Digital, Juan Carlos Pacífico; reconocido abogado pergaminense, especialista en cuestiones de política internacional y estudioso de la realidad de Medio Oriente desde hace más de 40 años, brindó un panorama detallado para intentar comprender este complejo panorama y desplegó una mirada lúcida que conecta la historia de la Antigua Roma con los desafíos del siglo XXI.
A través de un recorrido que atraviesa la crisis de la hegemonía del dólar, el impacto del cambio climático en la importancia estratégica de Groenlandia y el asedio interno que sufre el régimen iraní, Pacífico nos invitó a mirar más allá de la superficie. En sus propias palabras, asistimos a un "cambio de paradigma" donde el pragmatismo y los intereses nacionales han desplazado a los viejos acuerdos de postguerra.
Juan Carlos, vos acostumbrás a utilizar una analogía geográfica para explicar la realidad mundial actual. ¿Cómo se está moviendo el mundo hoy?
Exactamente. Yo tuve una madre profesora de geografía y ella me enseñó que la tierra nunca está quieta; se mueve constantemente a través de las capas tectónicas y, a veces, produce cataclismos. En la política internacional sucede lo mismo. El cataclismo en las relaciones internacionales implica, fundamentalmente, un cambio de paradigma. Para entender hacia dónde vamos, hay que entender qué es un imperio, y en Occidente hemos tenido tres modelos fundamentales.
¿Cuáles serían esos tres conceptos de imperio que marcaron nuestra historia?
El primero es el Imperio Romano. Ellos tomaban el territorio con sus ejércitos, lograban la rendición y, a cambio de respetar la vida y ciertos privilegios, exigían un impuesto recaudado por un virrey. Lo vemos en la Biblia con Poncio Pilato o el apóstol Mateo, que era un judío cobrando impuestos para Roma. El segundo modelo fue el de los anglosajones. Los ingleses dominaron no por la fuerza bruta inicial, sino por la ciencia de la navegación y la cartografía. Darwin, por ejemplo, venía a la Mesopotamia y dibujaba las costas. Esa acumulación de conocimiento les permitió dominar los mares y desembocar en la Revolución Industrial. El tercer modelo es el de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial.
¿En qué se diferenció el dominio estadounidense de los anteriores?
Estados Unidos se erigió como el primer 'emperador' que unificó los pagos globales a través de su propia moneda. Emitían dólares para pagar bienes y servicios, lo cual no les resultaba gravoso. Además, tras la guerra, las industrias europeas estaban devastadas y EE. UU. era el único proveedor. Con el Plan Marshall, ayudaron a reconstruir Europa a tasas convenientes porque necesitaban que Occidente le hiciera frente a Rusia. Así el mundo quedó dividido: del centro de Europa al este, Rusia; al oeste, Estados Unidos. Fue la Guerra Fría, un sistema de mantenimiento de territorios donde, aunque no se autodenominaran imperios, se comportaban como tales.
Bajo esa lógica histórica, ¿cómo debemos leer el conflicto en Ucrania?
Es clave entender que el único país que pertenecía a la esfera rusa y hoy está en la órbita de la OTAN es Ucrania. Para los rusos, la guerra es la respuesta al incumplimiento de un compromiso: el de no 'evangelizar' a los países que formaron parte de la URSS. Mientras que Polonia o Checoslovaquia eran repúblicas con virreyes enviados desde Moscú, Ucrania era parte integral de la Unión Soviética. Putin aceptó la pérdida de los países de la 'Cortina de Hierro', pero cuando Ucrania pidió entrar a la Unión Europea y a la OTAN, declaró la guerra. Tomó Crimea y, si Occidente no envía la ayuda necesaria, el resultado final será a favor de Rusia.
Mencionás que Donald Trump ha introducido un cambio drástico en la estrategia de EE. UU. ¿Qué busca realmente con su política frente a China y Venezuela?
Trump es un empresario que ve que su 'silla de emperador' está amenazada por China hacia el año 2050 o 2060. Por eso, él ha decidido volver al concepto de imperio relacionado con la tierra, resucitando la Doctrina Monroe de 1823: 'América para los americanos'. Trump ve que Venezuela le provee petróleo a China a precios muy cómodos, y como China tiene de todo menos petróleo y alimentos para sus 1.250 millones de habitantes, la estrategia es hacerles la vida imposible. No creo que haya una guerra directa porque desapareceríamos todos, pero sí un dominio territorial. Trump es un empresario que quiere quedarse con todo, a diferencia de Obama, que era un político que intentaba negociar.
Señalaste que Groenlandia es un punto de conflicto inesperado. ¿Por qué es tan importante hoy?
Parece una curiosidad, pero es preocupante. Groenlandia está sufriendo el cambio climático. Antes era una masa de hielo intransitable; hoy, por el aumento de la temperatura, tiene canales navegables. Esto permite que Rusia y China puedan llegar allí, y de Groenlandia a EE. UU. hay apenas 2.000 kilómetros. Invito a los lectores a mirar un planisferio desde arriba, por los polos; las distancias se achican. Es la misma importancia estratégica que tenía Alaska. Trump es impredecible, pero su interés en Groenlandia responde a una lógica de defensa territorial necesaria ante la debilidad de Dinamarca en la zona.
Con respecto a Irán, un país que conocés bien, ¿qué podemos esperar de las tensiones actuales?
Irán es una civilización de 3.000 años. Los Ayatolás llegaron al poder en los 70 desplazando al Sha, quien fue negativo para la economía porque, aunque ganó millones con el petróleo, la gente no vio esa mejora. Hoy, el régimen iraní está cercado. Financiaron guerrillas en Siria, a Hezbollah y a Hamas, y perdieron esas guerras. Se quedaron sin dinero y sufren un embargo de 60.000 millones de dólares en bancos europeos. Las manifestaciones internas que vemos hoy están claramente fogoneadas por la CIA y el Mossad, que son expertos en estas operaciones.
Para finalizar, ¿cuál es el papel de Europa en este nuevo orden?
Europa está en una posición muy débil porque nunca pensó en guerrear de nuevo; se enfocaron en el Estado de Bienestar y la socialdemocracia. Trump les ha dicho: 'Yo no voy a romper la OTAN, pero si quieren armas, paguen'. Les exige un 3% de su PBI para defensa. Estamos asistiendo a una reconfiguración donde las potencias pueden haberse puesto de acuerdo tácitamente: China toma Taiwán, EE. UU. Groenlandia, y Rusia se queda con Crimea y parte de Ucrania. Es un mundo pragmático donde, como dice Trump, no hay principios, sino intereses. El que se queda con los principios, corre el riesgo de padecer la derrota.
Compartir