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La fuerte jugada de Rodríguez Larreta que demuestra autoridad
ANÁLISIS

La fuerte jugada de Rodríguez Larreta que demuestra autoridad

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Horacio Rodríguez Larreta grabó hace varios días el video que se conoció ayer anunciando el desdoblamiento electoral en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Eso habla de que tomó hace rato la decisión de enfrentarse a Mauricio Macri, que pretendía lo contrario. Enterado de esto, Macri salió chicanero el domingo en una radio para trata de abortar la movida, situando a su ex pupilo en la vereda de lo que no debería hacerse.

Fue inútil. El alcalde porteño y el ex presidente han entrado sin disimulos en una pelea de liderazgos opositores que, cualquiera sea su resultado, redefinirá buena parte de los próximos años de la política nacional. Rodríguez Larreta jugó fuerte. Esperó a que Macri se bajara de la carrera presidencial, una indefinición que venía demorando su propio crecimiento como candidato a la Casa Rosada, para plantar bandera.

Ya no será más el segundo de Mauricio, como desde hace unos 20 años. Pretende ser el nuevo jefe del PRO, ese partido que fundaron juntos pero que, lo sabe toda la política, llegó a ser lo que es porque la sociedad entre ellos dos funcionó a la perfección y porque el actual jefe de Gobierno fue una suerte de motorcito armando política. Antes para Macri, ahora para él mismo.

Si algo aprendió Larreta desde la pandemia para acá es que, en caso de llegar a Balcarce 50, él no puede ser lo que Alberto Fernández significó para Cristina Kirchner. Hace casi tres décadas que el alcalde se prepara para ser candidato a presidente, con cierta formación peronista. Sabe mejor que nadie que el poder no se comparte, que en este país no pueden gobernar delegados de otros.

El que gobierna es el jefe, esa figura que hoy falta en la Argentina. Una ausencia que explica mucho de lo que pasa en materia económica y política. En todo caso, Rodríguez Larreta avanzó sobre el temor más profundo de Macri: el “parricido” político, ese destino que el ex presidente vino esquivando con éxito desde que perdió las elecciones con Fernández en primera vuelta. Hoy su mecanismo de defensa es la amenaza de apoyar públicamente a Patricia Bullrich porque el modo de construir política de la ex ministra de Seguridad supone para él la preservación de la pureza extrema de la marca PRO.

Es la tesis de que en las internas los propios se vuelcan a los extremos. Algo que se ha evidenciado, por ejemplo, en los Estados Unidos y derivó en la presidencia de Donald Trump.

EN BUSCA DE ADHESIONES

Rodríguez Larreta, que acaso erróneamente parece no pensar en las Primarias Abiertas sino directamente en la general de octubre, cree que con eso sólo no alcanza. Que no basta con pelear el voto de perfil derechoso con Javier Milei para el test de agosto. Por eso busca adhesiones en sectores peronistas no kirchneristas y en un electorado del centro, moderado, que en su búnker de campaña denominan “la corriente silenciosa”. Imposible mensurarlo en las encuestas actuales.

Ayer, un coro de radicales aplaudió la decisión de Larreta de cambiar el sistema de votación de la CABA. El desdoblamiento concurrente supone realizar el comicio para elegir a los candidatos porteños el mismo día de las elecciones nacionales (tanto las PASO como las generales) pero con boletas y urnas separadas. En las categorías locales se usará la boleta única electrónica.

LOUSTEAU Y JORGE MACRI

Se entiende la complacencia radical. Martín Lousteau, el crédito de ese partido en la Ciudad, evitará quedar unido a una boleta nacional sábana con un candidato presidencial de la UCR. Pero además, Jorge Macri, la apuesta de su primo Mauricio, no podrá atar su postulación a un amarillo con alcance nacional, como el propio Rodríguez Larreta o Bullrich, quien se había manifestado a favor del ex intendente de Vicente López.

El actual alcalde dice que sólo apoyará a un postulante de su partido. Pero nadie le cree en el mundillo amarillo mauricista. Lo notable es que el primo Jorge salió a cuestionar el desdoblamiento. Ocupa un ministerio que estará muy ligado a la organización de la elección. ¿Es factible tamaña disidencia? ¿Sorprenderá Rodríguez Larreta apoyando a otro de sus ministros para las PASO, en vez de al hombre que lleva el mismo apellido que Mauricio? Misterios a develarse.

Con su decisión de llamar a comicios concurrentes Larreta pareció privilegiar su alianza nacional con el radicalismo, que conduce el jujeño Gerardo Morales. Les da lo que ellos quieren en la CABA -el escenario de competir con chances- a cambio del apoyo de buena parte de la estructura del centenario partido a su postulación presidencial. El famoso comité en cada pueblo.

El gesto de ayer del alcalde parece abonar la tesis de que la UCR, finalmente, no llevará un candidato presidencial propio a las PASO, más allá de que ya se haya lanzado el propio Morales, sino que avanzará en una suerte de fusión con el sector mayoritario del PRO. Es un movimiento pragmático de Larreta que cuestiona Macri, quien siente que es un costo muy alto que el partido que él fundó arriesgue su pago chico.

Ahí radica otra diferencia entre ellos dos: Mauricio concibe a la CABA como un territorio donde la alianza Juntos no debería plasmarse políticamente. Para él, es sólo tierra amarilla. Horacio, de excelente relación con las terminales radicales en la Ciudad, entre ellas la UBA, parece pensar ahora en términos más ecuménicos. Pero, digámoslo, Macri también ha sido pragmático.

En 2015 los porteños votaron antes de la elección presidencial de octubre de ese año porque el PRO estaba obsesionado con conservar el distrito y para obtener cierto impulso a la postulación presidencial de Mauricio. La elección fue en julio y se usó boleta electrónica. Y en 2019, buscando su reelección, el ex presidente no dudó en impulsar, vía Rodríguez Larreta, que los comicios para cargos porteños se realizaran por primera vez en sintonía con las elecciones presidenciales. Pero esta vez con boleta sábana, que era lo que más le convenía al gobierno nacional.

Larreta pudo ser reelecto. Macri ganó el capítulo presidencial en CABA pero, se sabe, no le alcanzó para imponerse a Fernández por la caída en la provincia de Buenos Aires.

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