Suspensión de las PASO, una motivación política que es más que contable
ANÁLISIS

Suspensión de las PASO, una motivación política que es más que contable

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Despacio pero sin pausa, desde el Frente de Todos avanzan con la tarea de suspender las Primarias Abiertas del año que viene. Se dice que sería por única vez y con el argumento del alto costo que implican para el Estado en tiempos de ajuste de la economía. En verdad, las motivaciones son políticas, no contables. Operadores kirchneristas vienen haciendo un trabajo fino en el Congreso nacional para juntar los votos necesarios, sobre todo en Diputados donde el oficialismo, que tiene un bloque de 118 representantes, necesitaría cerrar acuerdos para lograr las 129 manos alzadas que lo haría posible. El Senado siempre es más fácil para el oficialismo.

Es posible que el bloque de tres miembros de Córdoba Federal, que responde al gobernador peronista no kirchnerista Juan Schiaretti, aporte sus votos. La bancada de dos de Javier Milei, probablemente también. Otros grupos menores, que ven las PASO de agosto próximo como un filtro para las generales de octubre, se sentirían seducidos por la idea. Hay que tener en cuenta que en Diputados conviven 22 bloques, algunos de un sólo miembro. En estas cuestiones ajustadas, esas voluntades habitualmente nimias valen oro. Es notable lo que pasa en el gobierno nacional: hay como una dualidad sobre el tema. 

Fuentes cercanas a Alberto Fernández aseguran que el Presidente no está de acuerdo en voltear las PASO. Se recuerda: él fue el primero en prometer, hace muchos meses, después de la derrota en las legislativas del año pasado, que todos los cargos electorales del peronismo para el próximo turno electoral se elegirían por ese mecanismo de selección que prevé la ley. Fernández habló aquella vez como titular del PJ nacional, un cargo que pocos recuerdan que ostenta.

Pero el cristi-camporismo asoma como el mayor abanderado de la suspensión de las Primarias. Actores que orbitan a Cristina y Máximo Kirchner han avanzado con la tesis. El más encumbrado tal vez haya sido Axel Kicillof, que acaba de admitir que ese es un debate que se está dando intramuros y “hay que escuchar en detalle”. La vicepresidenta no se refirió al tema en público. No hace falta: en el Frente de Todos difícilmente una idea se tire a la cancha sin contar al menos con un guiño habilitante de Cristina.

¿Que piensa el massista Frente Renovador, tercera pata del oficialismo? Tampoco se explaya públicamente. El ministro Sergio Massa incluyó el gasto de las Primarias en el Presupuesto 2023, que acaba de mandar al Congreso. Acaso Massa sea parte interesada: aún cuando aparece como la cara del ajuste inevitable, tiene altas chances de terminar siendo el candidato presidencial del Frente de Todos el año que viene, previa negociación con Cristina.

Una cosa son las PASO nacionales y otra las provinciales. Varios mandatarios justicialistas han avanzado para suprimirlas. La liga de gobernadores actúa en bloque, argumentando que las Primarias han perdido apoyo popular. Pero en Buenos Aires no es fácil suspenderlas, como acaba de admitir Kicillof y también se analizó hace 48 horas en un asado realizado en Lomas de Zamora que reunió a los capitostes del PJ provincial, básicamente intendentes del Conurbano, y Máximo Kirchner, que preside el partido.

La Provincia cuenta con una ley que ata las PASO para cargos provinciales a las Primarias nacionales. Obligatoriamente. Eso le saca autonomía al gobernador para decidir las cuestiones electorales distritales. Delicias de una norma aprobada por la Legislatura durante la gestión de Daniel Scioli como mandatario, sólo en base a las necesidades del gobierno nacional de entonces.

En Juntos por el Cambio bonaerense, por ahora, están abroquelados: no facilitarán número para sacar una ley que borre las PASO. Incluso si desaparecieran las nacionales, advierten desde allí. En el Congreso tampoco apoyarán. Lo dicho: que el oficialismo se encargue de conseguir los votos para suspenderlas, argumentan los cambiemistas. Que en su momento, hay que decirlo, también especularon con cambios electorales. Fue en 2019, cuando María Eugenia Vidal quería desdoblar los comicios bonaerenses -en los que se jugaba su reelección- de los nacionales, porque intuía que se venía la derrota. No la dejó Mauricio Macri.

Las PASO actúan como ordenadoras de la política y de los liderazgos. No tanto en los partidos sino en los frentes electorales. Como son el oficialismo actual y la principal oposición.

En este sentido, el peronismo aglutinado bajo la marca Frente de Todos, asoma sin grandes problemas para dirimir sus cuitas: el liderazgo férreo de Cristina será el eje decisorio a partir del cual se definirán los nombres para presentar al electorado. A lo sumo pueden habiltarse Primarias a niveles distritales, como siempre. En principio, no hace falta una PASO nacional o provincial.

Pero en Juntos es otra cosas. Sin un líder único, aglutinante, absolutamente definido, conviven allí pretensiones variopintas. Las PASO funcionarían como la regla a aceptar para solucionar las diferencias. Sin ellas, se palpita un riesgo cierto de profundizar controversias que ya existen, como las que distancian a la UCR y al PRO, e incluso sobrevuela el fantasma de una posible ruptura. Aún cuando eso suene ilógico y absolutamente funcional a un peronismo que hoy está en baja.

En todo caso, lo triste de todo esto es lo que evidencia el hecho de que, otra vez, se quieran suprimir las PASO por conveniencia electoral de una facción política. En boca del politólogo Hernán Reyes, de la consultora Filadoro, Reyes y Asociados, “la sola discusión del cambio de reglas de juego habla de la debilidad institucional de la Argentina”. Para pensarlo.

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