Dirigentes de la CGT se reúne en la UOM para presionar por las medidas
Mientras que los sectores mayoritarios intentan pulir con el Gobierno los puntos más ríspidos de la reforma laboral.
La sede de la calle Alsina se convirtió esta tarde en el epicentro de un sismo interno que amenaza con quebrar la paz ficticia en la CGT. Mientras los sectores mayoritarios de la central obrera —los llamados "Gordos" e Independientes— intentan pulir con el Gobierno los puntos más ríspidos de la reforma laboral, el ala dura decidió marcar la cancha con un mensaje inequívoco: la negociación tiene fecha de vencimiento.
El anfitrión fue Abel Furlán, titular de la UOM, quien recibió a una tropa de dirigentes que ya no ocultan su malestar con la "prudencia" de la mesa chica cegetista. Allí estuvieron representados gremios de peso estratégico como Luz y Fuerza, Pilotos (APLA), Aeronáuticos (APA), Ceramistas y Viales. Todos coinciden en un diagnóstico: si la CGT no reacciona ahora, la reforma laboral será un hecho consumado antes de que termine el verano.
El cónclave, que comenzó pasadas las 16, no fue solo para catarsis. El grupo minoritario pero ruidoso puso sobre la mesa un cronograma de acción directa. El objetivo es un nuevo paro nacional para los primeros días de febrero, justo antes de que el proyecto oficialista desembarque en el recinto del Senado.
"No hay nada que negociar sobre derechos adquiridos", dejaron trascender desde el entorno de Furlán. La estrategia de este bloque es generar una demostración de fuerza tal que los senadores duden antes de levantar la mano. Para este sector, la vía judicial que activó la conducción de la CGT es "necesaria pero insuficiente".
La movida de Furlán y sus aliados deja a los triunviros Héctor Daer y Carlos Acuña en una posición incómoda. El ala dialoguista de la central viene apostando a un "tira y afloje" técnico, tratando de salvar los artículos que afectan el financiamiento sindical y la ultraactividad de los convenios. Sin embargo, el kirchnerismo sindical no acepta grises.