El reciente salto del dólar minorista a los $1.300 encendió una luz de esperanza en el sector industrial argentino, que arrastra una pesada mochila de baja actividad y costos crecientes. Sin embargo, el alivio de esta suba, cercana al 9% en menos de un mes, dista mucho de ser la solución definitiva para los males de la industria.
Desde la Unión Industrial Argentina (UIA), el panorama sigue siendo de cautela: el aumento de costos, la escasa actividad y la presión de las importaciones continúan siendo las principales preocupaciones.
Si bien hubo un leve repunte de la actividad en abril y mayo, los niveles se mantienen por debajo de fines de 2023 y muy lejos de 2022 y 2023. La capacidad instalada sigue con un preocupante nivel de ociosidad. Para colmo, la falta de un tipo de cambio competitivo y la apertura comercial abren la puerta a una avalancha de productos importados, asfixiando la producción local. A esto se suma el encarecimiento del crédito, producto de las elevadas tasas de interés necesarias para contener la divisa.
El traspaso de la suba del dólar a los precios se ha visto limitado por una demanda interna en mínimos históricos. La UIA explica que, aunque el dólar suba, los mecanismos de ajuste de precios y salarios están rezagados. La recuperación del consumo no llega: el empleo sigue estancado y la inversión privada no se reactiva.
El sector industrial tiene claro que la solución no pasa solo por el tipo de cambio. La reactivación del consumo y una reforma fiscal que alivie la presión tributaria son las claves para poder competir en igualdad de condiciones con los productos importados.
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