Los socios comerciales de EE.UU. preparan la respuesta a los nuevos aranceles previstos por el presidente Donald Trump a partir de hoy, quien prometió ser “amable” en su guerra comercial.
“Se acabaron los días en los que se estafa a EE.UU.”, sostuvo su portavoz Karoline Leavitt en rueda de prensa. Añadió que los aranceles “se harán efectivos inmediatamente” después de que se anuncien.
“Nadie sabe qué va a pasar” de modo que es “difícil elaborar un plan concreto”, dijo Carrie McEachran, directora de la cámara de comercio de Sarnia Lambton, en la frontera entre Canadá y EE.UU.
Trump suele cultivar la incertidumbre y desestabilizar con cambios de último minuto. “Vamos a ser muy amables”, aseguró ayer, después de haber acusado durante semanas a países extranjeros de “estafar” a EE.UU.
“No queremos necesariamente tomar medidas de represalia”, pero “tenemos un plan sólido para hacerlo si es necesario”, advirtió la jefa de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen. En Taiwán, el ministro de Asuntos Económicos, Kuo Jyh-huei, dijo que “nuestras contramedidas han sido evaluadas y analizadas: por ejemplo, cómo reaccionaríamos a un arancel del 10%” o “del 25%”.
¿Habrá excepciones?
Algunos países confían en obtener exenciones, como Vietnam, que ofreció reducir sus aranceles aduaneros sobre una serie de productos. Japón ha anunciado la creación de 1.000 “ventanillas de consulta” para ayudar a las empresas al tiempo que intenta conseguir un trato indulgente. El Reino Unido busca asimismo “un acuerdo económico”, según declaró ayer el primer ministro británico, Keir Starmer. Según algunos medios estadounidenses, Trump prevé hacer un gran anuncio desde la Casa Blanca, rodeado de miembros de su gabinete.
Los otros países “se han aprovechado de nosotros y vamos a ser muy amables, en comparación con lo que ellos nos han hecho”, repitió.
Esto parece atenuar la amenaza de aranceles estrictamente “recíprocos”, que harían que EE.UU. iguale dólar por dólar los impuestos a los bienes estadounidenses en el extranjero.
Pero el republicano no puede permitirse dar marcha atrás después de haber vendido las tarifas aduaneras como una especie de varita mágica capaz de reindustrializar EE.UU., reequilibrar la balanza comercial y eliminar el déficit presupuestario. “Espero que esto sea como muchas de las decisiones de Trump en el pasado, es decir, que inicialmente tiene un gran impacto, luego la gente reacciona, algunos aspectos resultan problemáticos y él hace ajustes”, declaró Ian Fletcher, economista y miembro de la Coalición para una América Próspera, un grupo de expertos a favor del proteccionismo. Según un sondeo realizado en marzo en siete países europeos, la mayoría de los encuestados apoya la idea de tomar represalias con aranceles a los productos estadounidenses.
Los ataques de Washington al libre comercio empujan a países a realizar acercamientos estratégicos. Durante el fin de semana, China, Japón y Corea del Sur anunciaron su intención de “acelerar” sus negociaciones para un acuerdo de libre comercio. Y altos cargos europeos pidieron fortalecer los lazos entre la Unión Europea (UE) y Canadá.
Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump ha aumentado los aranceles a productos procedentes de China, una parte de los de México y Canadá, sus socios en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC), y sobre el acero y el aluminio, independientemente de su origen.
Compartir