Quién es la única rojense que conquistó el Aconcagua
MONTAÑISMO

Quién es la única rojense que conquistó el Aconcagua

El 6 de febrero Cecilia Cordone se convirtió en la primera rojense en alcanzar la cima de América. Cordone le contó a Democracia cómo es hacer montañismo en épocas de pandemia, historias, aventuras y anécdotas.

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Desde tiempos inimaginables el hombre busca superarse. Y Muchas veces ese desafío tiene que ver con subir una montaña; cuanto más alta, mejor. El Aconcagua es uno de los destinos preferidos del planeta. Todos los años llegan montañistas desde distintos puntos de la Tierra a desafiar a ese inmenso “manto blanco”, de 6.962 metros de altura sobre el nivel del mar.

Exploradores, científicos y alpinistas han pasado noches enteras sin dormir, pensando en cómo hacer para subir y llegar a lo más alto. En 1897 la cima de América recibió al primer hombre (ver apartado); y 52 años después Adriana Bance se transformó en la primera mujer en hacer cumbre.

Esta historia tiene que ver con que el 6 de febrero Cecilia Cordone se convirtió en la primera mujer de Rojas en hacer cumbre. Cordone es veterinaria, cuando el trabajo se lo permite entrena haciendo running en zonas montañosas, mountain bike o cualquier deporte que la ponga a punto y, principalmente, la despeje. Pero desde hace un tiempo su objetivo fue otro: subir el Aconcagua. Todo surgió con un chiste y de a poco fue tomando seriedad hasta convertirse en la primera mujer de Rojas en hacer cima en la mítica montaña.

La preparación de la montañista

El estado físico, mental, el clima y lo económico (también se puede sumar el Covid 19 en tiempos de pandemia), son factores que juegan roles fundamentales a la hora de hacer un intento como el de Cordone. “Empecé corriendo carreras en ultra montaña y me apasioné”, contó la rojense, quien además en ese momento empezó a contactarse con guías para interiorizarse más sobre alta montaña. Allí empezó a hacer cumbres de 4 mil, 5 mil y hasta 6 mil metros de altura.

El objetivo de subir el “Coloso de América”, como a ella le gusta decirle, estaba cada vez más cerca. Sólo había un pequeño problema por sobrepasar: hasta último momento no se sabía si el Parque iba a abrir por la pandemia. “Estuvimos hasta diciembre analizando si se abría o no. Ya con la confirmación, nuestro guía optó por hacerlo en enero. Eso nos permitió ver cómo varias personas de los primeros grupos bajaban a causa del Covid”, detalló Cordone.

Hacia arriba

Por eso, el grupo de la rojense hizo una burbuja sanitaria y el 23 de enero inició la travesía. La aclimatación la iniciaron fuera del Parque Aconcagua, en la zona de Penitentes y el Cristo Redentor. Entrenaron en montañas de alturas entre 3.900 y 4.500 msnm. “El 27 de enero entramos al parque Aconcagua y ahí iniciamos el ascenso. El 1 de febrero empezamos a caminar hacia Plaza de Mulas, que ya es más alta montaña y luego llegamos al campamento Canadá, a unos 5.500 msnm”; recordó la montañista.

El 2 de febrero el grupo llegó a Nido de Cóndores. El mal tiempo les hizo compañía unos 4 días, por lo que no pudieron avanzar más. El viento y temperaturas cercanas a los 20 grados bajo cero, les hizo entrar en clima y comprender que el viaje había empezado en serio. El objetivo era llegar a otro campamento, Cólera, a unos 6100 msnm. Ya desde allí los montañistas emprenden el último tramo hasta la cima. Claro que es el más difícil por la cantidad de días fuera del confort del hogar, el cansancio físico y mental, y la escases de oxígeno. Pero pensar en la meta, genera energía adicional.

El mal clima hizo que el grupo de Cecilia Cordone deba replantear la estrategia. Y allí vino un esfuerzo extra, porque desde Nido de Cóndores tuvieron que encarar a la cima, sin escala en Cólera. Algo fuera de lo normal que requería un esfuerzo a la altura de la situación. “El guía dijo que éramos un grupo fuerte y tomó la decisión. No nos dio tiempo ni a pensar (risas)”, sostuvo la rojense. La cima estaba cada vez más cerca.

El 4 de febrero estaban listos para llegar arriba. Pero el clima siguió complicando el objetivo. Al día siguiente, todo estaba igual de feo en cuanto a lo climático. Esperar, tener paciencia y rogar un día bueno era lo único que podían hacer. Ese fue el momento que Cordone empezó a temer no poder hacer cumbre. Su estado físico era muy bueno, el mental también, pero la hostilidad de la montaña, junto con el clima, no daban lugar a seguir.

La cumbre

Mediante comunicación satelital, el guía fue aconsejado a intentar subir el 6 de febrero. “Mañana tiramos cumbre”, le dijo al grupo. Y a las 2 de la mañana el equipo se levantó y empezó a preparar todo para transformar ese día en “el día de la hazaña”. A las 4 empezaron a caminar y a medida que iba amaneciendo se fueron dando cuenta que el clima los hacía una caricia y les guiñaba un ojo, haciéndoles entender que hoy sí tenían su permiso para seguir subiendo. Y el equipo no dejó pasar esa oportunidad.

La montañista rojense cumplió su objetivo trabajando en equipo. La satisfacción de haberlo dado todo gratifica su espíritu aventurero que, al estar en lo más alto de América, sólo pensó en la felicidad que les iba a dar a su esposo, a sus padres y sus amigos, de haber llegado hasta ahí. Porque para ella, de eso se trataba.

Lo cierto es que cientos de escaladores han llegado a la cima, otros murieron en el intento y otros aún lo siguen intentando año tras año, temporada tras temporada. Porque como dice la canción, “Tanto vértigo es la vida, no hay más que hacer, sólo subirla”.
 

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