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Dante Aldazabal, pasión por la fotografía y el sueño de ser bombero
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Dante Aldazabal, pasión por la fotografía y el sueño de ser bombero

Desde chico miraba pasar los camiones de bomberos y fotografiaba la luna. Hoy estudia en el cuartel de Pergamino y trabaja en eventos sociales; une servicio, vocación y sensibilidad en una historia marcada por la pasión.

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En una ciudad donde todos se conocen, hay historias que se construyen en silencio, a fuerza de constancia, sueños tempranos y decisiones que no siempre siguen el camino más cómodo. Dante Aldazabal tiene 19 años, es pergaminense, estudia para convertirse en bombero voluntario y, al mismo tiempo, se abre camino como fotógrafo. Dos pasiones que parecen distintas, pero que en él se cruzan en un mismo punto: el servicio y el compromiso con los demás.

Desde chico, el cuartel fue parte de su paisaje cotidiano. “Desde que tengo uso de razón, ir a los desfiles, tengo amigos incluso dentro del cuartel, y siempre era pasar y estar colgado del auto y decir chau, bomberito, frenar y entrar al cuartel”. Ese ritual infantil, repetido una y otra vez, se transformó en una decisión concreta cuando cumplió la mayoría de edad. “Hasta que un día cumplí los 18, manoté el curso, entré, y ahora empezamos a capacitarnos día a día para en algún futuro ser bomberos”, indicó en diálogo con Diario Núcleo

  • Dante de pequeño ya mostraba su pasión por los bomberos

No hubo tradición familiar ni mandato heredado. Fue pura vocación. “Surgió por la pasión de ver pasar al camión a todo lo que da, y la curiosidad de decir a dónde van estos, y ver todo lo que hacen”, explicó.

Hoy Dante transita el exigente proceso de formación dentro del Cuerpo de Bomberos de Pergamino. El ingreso no es automático ni sencillo. “Tenés primero una charla informativa, en la que los tíos te explican todo lo que vamos a ver a lo largo del año, y después tenés entrevistas personales que te van haciendo como la parte psicológica para ver que vos seas apto para el curso”. Superadas esas instancias, comienza un recorrido intenso que incluye formación institucional, incendios, rescate vehicular, trauma, materiales peligrosos y trabajo con cuerdas.

“El estudio lleva entre un año y un año y medio”, indicó. “Arrancamos en abril y tenemos fecha de final más o menos en el verano”. El grupo es reducido y diverso: “Empezamos 8 en total y fueron quedando 5 nomás. Quedamos 3 varones y 2 mujeres. Yo soy el más chico, tengo 19”, agregó. 

  • El jóven en un momento de práctica

La mirada de su entorno no siempre es la misma. Mientras muchos amigos eligen otras prioridades, él sostiene su elección. “Algunos están pensando en venir a estudiar, o ir al boliche a bailar, o distintas cosas, y vos decís, yo quiero ser un bombero porque quiero prestar más servicio a la comunidad, porque es un acto de corazón”.

Dante todavía no sale a las emergencias. “Todavía no podemos salir hasta no estar recibidos”, aclara. Sin embargo, el aprendizaje también se da escuchando. “Eso es lo que tiene el cuartel, es una familia. Cualquier persona te va a contar una situación que le haya marcado”. Historias que enseñan, que preparan, que forman carácter.

Las prácticas son estrictas y cuidadas. “Siempre se toma la seguridad primero, tanto de la víctima como de nosotros. Tenemos nuestro estructural, nuestro guante, nuestra protección ocular, nuestro casco”.

Cuando habla del cuartel, Dante vuelve a ser ese chico que miraba pasar los camiones. “Es como de chiquito ver los juguetes, que los ves enormes, y que hoy en día decís, los juguetes que en algún momento yo vi, ahora poder subirme al móvil y saber que en algún momento voy a ser una de las personas que yo veía de chiquito”.

Para él, la definición es clara y simple: “Ser bombero es todo, la vocación, el servicio, el saber que con un gracias ya está, no necesitás cobrar nada porque eso es lo principal del bombero, que es voluntario”.

La familia acompaña, con orgullo y con miedo. “No es fácil ser bombero y no es fácil ser familiar de bombero”, reconoce. “El bombero sabe, está entrenado, pero el familiar no”.

En paralelo, hay otra pasión que lo acompaña desde la infancia: la fotografía. “Mi mamá tenía una camarita con un zoom y yo se la agarraba y lo primero que enfocaba era la luna”. De esa obsesión nocturna surgió una vocación que hoy es trabajo. Dante cubre eventos sociales, deportivos, carreras, fiestas de 15 y bodas. “Pasar de sacar fotos de hobby a trabajar en eventos”.

Cuando se le pregunta qué significa ser fotógrafo, la respuesta vuelve a tocar una fibra sensible: “Para mí es guardar el recuerdo por toda la vida”. Y agrega una reflexión que resume su mirada: “Es preferible hacer la foto y guardarla, a no hacerla y decir pa, perdí el momento”.

Antes del cierre, el joven dejó ante Diario Núcleo un mensaje claro, casi como un llamado. “En cuanto a los bomberos, que está abierta la inscripción. Es gratuito, no tenés que tener nada. Solamente vocación de servicio. Y que en cuanto a la foto, no tengan miedo de sacar ninguna foto”.

Dante Aldazabal camina con dos mochilas cargadas de sueños. Una lleva cámara, lentes y memoria. La otra, casco, vocación y servicio. En ambas, la misma convicción: estar ahí cuando hace falta.

 

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