Bar Querede: 101 años de una historia familiar
ENTREVISTA EXCLUSIVA

Bar Querede: 101 años de una historia familiar

Diario Núcleo entrevistó a su actual dueño, Miguel, acerca de la historia del bar y sobre cómo logró sobrevivir a varias crisis económicas, una pandemia y las nuevas modas nocturnas. "Los bolicheros como yo somos una raza en extinción", dijo.

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El 12 de febrero del 2021 el Bar Querede cumplió 100 años.  El clásico bar pergaminense ubicado en la esquina de Pinto y Boulevard Colón es testigo de los grandes cambios en la ciudad. Por sus mesas han pasado muchas generaciones y hoy, 101 años después, su historia aún continúa escribiéndose.

Hablar de la historia del bar sin mencionar la de la familia Querede es imposible porque se construyeron en simultáneo. En diálogo exclusivo con Diario Núcleo Miguel Querede habló sobre los comienzos del comercio, su traspaso de generación en generación y sobre cómo hizo la familia para mantenerlo abierto después de muchas crisis económicas, una pandemia y el boom de las cervecerías en Pergamino.

La historia de una familia y de un bar

Según cuenta la tradición familiar, Abraham Querede compró la propiedad un 12 de febrero de 1921, "mi abuelo era un inmigrante sirio, soltero, analfabeto en el idioma castellano y cuando adquirió el lugar fue registrado como cochería de plaza", dice Miguel.

Tiempo después de abrir sus puertas el comercio comenzó a funcionar como ramos generales y despacho de bebidas, mientras continuaba con sus servicios de cochería. Por supuesto, Pergamino era muy diferente en los años 20' a lo que es hoy, y en aquel entonces el Hospital se encontraba en frente del local de los Querede, en lo que hoy es el Poder Judicial, enfrente de la Plaza San José.

El Boulevard Colón no estaba plenamente asfaltado y tenía canteros en el medio. "El Hospital siempre fue una referencia para nosotros, eramos como un apéndice del establecimiento. En la familia siempre dijimos que era un lugar de alegrías y tristezas porque había gente que festejaba acá un nacimiento y otros que lloraban una pérdida. Mientras estuvo el hospital siempre había gente en el local".

En septiembre de 1921 Abraham se casó con Helue Farah y más tarde llegaron sus hijos, Jalil, Juana, José, Elías y Jorge, mientras seguía adelante con el comercio. 1940 sería un año muy duro para los Querede debido a que Abraham, el fundador del local, fue asesinado por un amigo y vecino en la mismísima puerta del bar. "Tanto mi abuela, como mi papá y mi tía nunca quisieron decir ni una palabra sobre la muerte de mi abuelo. Lo que sé es que el hecho se desencadenó a raíz de una discusión", dice Miguel.

  • Miguel en la mítica esquina de Pinto y Boulevard Colón

Luego del trágico episódio, Jalil, el hijo mayor y padre de Miguel, se puso al frente del comercio con 18 años acompañado de su madre y de su hermana Juana. En 1952, cuando Jalil se casó con Juana Raso, el local deja de ser almacén de ramos generales y comenzó a trabajar como despacho de bebidas y a su vez también vendían fiambre, cigarrillos y golosinas debido a que no había kioscos en aquel entonces. Luego llegaron los hijos del matrimonio, Miguel y María Rosa.

A partir de entonces el bar se instauró como un lugar de la gente de la noche, de la copa y el vermouth, con juego de billar y naipes. "Durante esos años el local se convirtió en un clásico. En esa época estaba de moda el vermouth del mediodía y también la quiniela clandestina. Entonces mucha gente venía a tomarse una copa y a apostar números", dice sonriente Miguel.

El año 1982 fue otro año bisagra para la familia y para el bar por el fallecimiento de Jalil Querede. A partir de entonces, y hasta el día de hoy, Miguel pasó a estar al frente del negocio acompañado durante varios años por su madre. "El que hizo el Bar Querede fue mi viejo. Desde los 18 años le puso el lomo sobrepasando épocas económicas muy duras. Era muy bravo pero afortunadamente estuvo 42 años y nos dejó la herencia en la sangre para seguir hasta ahora".

Miguel tampoco se olvida del esfuerzo y del amor de su madre por la familia y por el bar. "Mi mamá siempre acompañó a mi padre. Se vino del campo a la ciudad para estar junto a él. Una vez que falleció mi viejo laburamos juntos los dos durante 37 años hasta que le tocó partir, pero el alma de ella sigue acá. Su recuerdo está siempre presente en el bar".

  • Logo diseñado por Lucas Querede y pintado a mano por Stella Maris Querede

Cambia, todo cambia

Miguel está detrás de la barra del Querede desde el año 1982. En estos 40 años la cultura e idiosincrasia de los pergaminenses ha cambiado mucho. A comienzos de la década de los 80' los bares y confiterías en la ciudad abundaban, "para mi la mejor confitería de todos los tiempos fue el Bar Enrique, fue un hito", afirma. Pero con el correr del tiempo se han ido imponiendo distintas ofertas de ocio nocturno que hicieron que los bares tradicionales vayan cerrando uno a uno sus puertas. "Con el tiempo nos tuvimos que adaptar a los cambios y el tema de la comida es algo que lo ejemplifica. Antes servíamos picadas solamente y ahora ofrecemos platos minuteros y pastas. Tiempo atrás tenías al Bar Enrique, El Refugio y nosotros, y hoy tenés 30 bares en la avenida principal".

- En 101 años de historia el bar pasó por varias crisis económicas, una pandemia y el último boom nocturno de la ciudad que fueron las cervecerías, ¿cómo hicieron para sobrevivir?

- No te puedo decir una razón porque hay miles. Pero creo que todavía hay gente que le gusta el bar tipo boliche como el nuestro. Y otra cuestión es que no es lo mismo sentarte en una cervecería que en un bar, y nosotros seguimos manteniendo esa identidad. Yo iba al bar del Club Argentinos y en una tarde había 70 personas jugando a todo tipo de juegos, y hoy la gente está con la computadora y el bingo.

- ¿Cómo fue la época de pandemia en el Querede?

- Fue muy duro porque había que sacarle jugo a lo que tenías al alcance y nosotros lo hicimos ofreciendo comida para llevar. Por suerte toda la gente como proveedores, clientes y vecinos se portaron muy bien con nosotros. Además, como teníamos tiempo, aprovechamos para mejorar el local.

"Somos una raza en extinción"

Así como han cambiado las modas en lo que se refiere al ocio nocturno, también lo ha hecho la figura del mozo. Hace 30 años era muy difícil encontrar a una persona joven atendiendo las mesas de un bar, así como también era difícil ver a un mozo anotando los pedidos de los clientes ya que memorizaban todo. En cambio hoy, la mayoría son personas jóvenes y anotan las solicitudes en papel o en tablets. En este sentido Miguel expresa: "Ese tipo de mozos de boliche somos una raza en extinción. Hoy ser mozo es otra cosa. Pero igualmente me considero bolichero, porque un mozo atiende las mesas pero el bolichero hace el café, lava el pocillo, limpia el baño, compra la bebida, etc. Yo todavía tengo esa mentalidad de bolichero porque acordarte de todos los pedidos es una práctica".

- Me imagino que en estos 101 años de historias debe haber miles de anécdotas y de personajes que han pasado por este bar.

- Obvio. Mirá, a media cuadra de acá vivía Ricardo Mollo y nos hicimos amigos desde chiquitos hasta que al padre se le quemó el negocio de zapatos y se fueron para Buenos Aires. Cuando cumplimos los 100 años me mandó un video para saludarme. Yo soy hincha de Independiente, a diferencia de mi padre que era de Boca, y una vez vinieron el "Chino"Pavoni y Dante Mircoli al bar con la réplica de la Copa Libertadores que habían ganado y la pusieron sobre la barra. También recuerdo que vino el periodista Diego Brancatelli una noche.

El Querede aglutina tres generaciones de una misma familia que día a día, durante 101 años, abrieron las puertas del bar para ir escribiendo su historia. Hoy Miguel se encuentra acompañado de sus hijos, Nadia Soledad, Lucas Miguel y Neila Nahir, y de sus amigos, quienes le dan ánimo y fuerza para levantarse todas las mañana y así mantener vivo el espíritu de aquellos quienes fundaron el bar e hicieron posible su leyenda. ¡Salud Querede!

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